Segunda y última entrega de las portadas de novelas de la Editorial Cénit que tenía por casa. Recuerden que aquí tienen la primera. Alguno de ustedes ya me ha enviado alguna más, cosa que agradezco un montón, ya lo saben, y que colgaré por aquí lo antes posible. Respecto a las portadas de hoy, ahora sí nos encontramos ante ilustraciones realizadas expresamente para la edición española, algunas de ellas incluso aceditadas en el interior a Jiral y a Andreu. La verdad es que quería mirar en el Diccionario de Uso de Jesús Cuadrado si venía algo sobre estos dibujantes, pero al final no he podido.
Para que puedan comparar les enlazo a la portada original de la edición de Ace de Star Ways, de Brain Wave y Mayday Orbit (las tres de Poul Anderson, el Autómata de William F. Temple y las primitivas dixtopias pop de John Brunner The World Swappers, The Super Barbarians y The Dreaming Earth. Finalmente me gustaría llamar la atención sobre dos cosas: el estupendo aire a lo Steve Ditko de las dos portadas de Jiral (Pánico en la Tierra y Autómata) y lo explícito de la referencia a la droga en la de Tierra Soñadora.
19.4.06
Simpsonario (CDXV)
Moral
Es sin duda la apertura moral de juicio, de sentido, de argumentos de lectura la que ha decretado la suerte de los Simpson en un grupo de espectadores compuesto y agrandado, que pasa con desenvoltura de los niños a los adolescentes, de los jóvenes a los adultos, de los estudiantes a los artistas. Muchos de los que rehuyen los programas de televisión (o incluso los dibujos animados) aprecian a los Simpson también en el plano moral.
Es sin duda la apertura moral de juicio, de sentido, de argumentos de lectura la que ha decretado la suerte de los Simpson en un grupo de espectadores compuesto y agrandado, que pasa con desenvoltura de los niños a los adolescentes, de los jóvenes a los adultos, de los estudiantes a los artistas. Muchos de los que rehuyen los programas de televisión (o incluso los dibujos animados) aprecian a los Simpson también en el plano moral.
18.4.06
Simpsonario (CDXIV)
Mooola
En la versión española, expresión habitual de Bart ante las cosas que le gustan. El niño, haciendo gala de su carácter de bad boy, acostumbra a expresar de esta forma su agrado ante situaciones, objetos o sugerencias que normalmente bordean el riesgo, la gamberrada, la transgresión, es decir, aquello que excita su carácter rebelde.
En la versión española, expresión habitual de Bart ante las cosas que le gustan. El niño, haciendo gala de su carácter de bad boy, acostumbra a expresar de esta forma su agrado ante situaciones, objetos o sugerencias que normalmente bordean el riesgo, la gamberrada, la transgresión, es decir, aquello que excita su carácter rebelde.
17.4.06
Simpsonario (CDXIII)
Montaña
En el episodio La guerra de los Simpson la montaña representa una especie de lugar místico (casi ridiculizando La montaña sagrada, película de culto del polifacético Alejandro Jodorowsky), donde van a parar Homer y Marge como pareja con problemas en un viaje organizado por el reverendo Lovejoy, desvelando ser todo un experto en el tratamiento de cuestiones sentimentales. Pero la montaña también crea problemas de supervivencia debido a imprevistas avalanchas como en el episodio La montaña de la locura, en el que Homer y Burns quedan incomunicados y se ven obligados a ayudarse mutuamente si quieren salir con vida en el percance. El título, por cierto, es una clara referencia a la novela de Lovecraft. Del escritor de Providence al director de El Topo partiendo de una referencia a un filme de Danny De Vitto: enésima muestra de la grandeza de esta serie.
En el episodio La guerra de los Simpson la montaña representa una especie de lugar místico (casi ridiculizando La montaña sagrada, película de culto del polifacético Alejandro Jodorowsky), donde van a parar Homer y Marge como pareja con problemas en un viaje organizado por el reverendo Lovejoy, desvelando ser todo un experto en el tratamiento de cuestiones sentimentales. Pero la montaña también crea problemas de supervivencia debido a imprevistas avalanchas como en el episodio La montaña de la locura, en el que Homer y Burns quedan incomunicados y se ven obligados a ayudarse mutuamente si quieren salir con vida en el percance. El título, por cierto, es una clara referencia a la novela de Lovecraft. Del escritor de Providence al director de El Topo partiendo de una referencia a un filme de Danny De Vitto: enésima muestra de la grandeza de esta serie.
16.4.06
DOMINGO DE RESURRECCIÓN CON LOS VELOCES ZOMBIS PATATA
Creo que tal día como hoy es el más indicado para ofrecerles una reseña que entra de lleno en uno de los grandes temas ausente: Lo Zombi. No sólo eso, la pelicula escogida es ni más y ni menos que una de las grandes obras maestras de la zetosidad italiana de principios de los 80s: La invasión de los zombis atómicos, coproducción hispano-italiana dirigida por Umberto Lenzi, cuyo título original es Incubo sulla città contaminata, aunque para los espectadores guiris sea más conocida como Nightmare City. El espectador español, además, tiene la gran suerte de disfrutar de atractivos tales como la presencia del querido Paco Rabal o que numerosas escenas exteriores fueran rodadas a las afueras de Madrid.
Tengan presente que cuando les digo que esta película es una obra maestra no estoy ironizando sobre la capacidad jocosa de un subproducto exploit italiano. No. Mucho se habló hace un par de años de la novedad que suponía dotar de velocidad al zombi del siglo XXI, alejándose del estereotipo lento y romeriano. Vale, sería una novedad sino fuera por este entretenidísimo filme. Aquí los zombis corren, disparan con metralleta, tripulan aviones, sabotean instalaciones militares, eléctricas o de telecomunicaciones, parecen seguir un plan preconcebido para hacerse con el poder y son más listos del hambre, además de tener cara de patata requemada, claro.
Pese a que la misma película utiliza la definición de zombi, es evidente que no estamos ante un zombi moderno clásico. De hecho, el origen de la infección es una misteriosa "fuga de gas radioactivo" en la que los afectados necesitan consumir sangre (no carne), aunque las peculiaridades del tema las podrán leer enseguida con un largo e hilarante diálogo que he transcrito en su integridad. Y es que los diálogos del filme son una maravilla. Ya saben ustedes que las películas de zombis modernos acostumbran a buscar una coartada con mensaje que sirve de licencia para poder justificar los excesos gores. Pero es que aquí, como verán, la cosa alcanza límites insospechados. Cada dos por tres los personajes lanzan unas peroratas filosóficas que dotan al filme de un tono de delirio pesimista realmente surrealista, y lo hacen cuando ya la propia película ha entrado en esa dinámica por su propio guión.
La cosa se inicia con la antológica secuencia del aereopuerto. Miller, interpretado por el hierático barbudo mexicano Hugo Stiglitz, es un (imposible) periodista de ética y moral intachable. Acude a entrevistar a un científico que puede dar datos sobre un accidente atómico. Llega en avión, pero la sorpresa nos/le sacude cuando del aparato empiezan a salir montones de zombis armados con hachas, metralletas, martillos pilones, machetes, cadenas, originando una apocalíptica batalla contra las fuerzas de seguridad. "Dios Mío, es absurdo" exclama el protagonista ante la matanza. Lo mismo piensa el espectador. Tras numerosos planos de cadáveres y casi sin un mísero fundido la película salta a un horroroso y cutrón ballet televisivo que riánse ustedes del Ballet Zoom y de Giorgo Arresu. "Todo el mundo es música" se llama el programa, pero allí está nuestro periodista ético dispuesto a interrumpir la emisión para dar el parte, cosa que no conseguirá al aparecer por allí el General Murchison (nada menos que Mel Ferrer). La seguridad nacional impone el silencio y al periodista le despiden. Al ballet volveremos a verlo poco después cuando la emisión vuelve a interrumpirse ante la invasión de los zombis atómicos en el plató, montando una sangría de bailarinas del copón (que incluye arrancamiento de pezones), y obviando el hecho de que se retransmite en directo. De hecho, nadie debe ver la infausta cadena porque el secreto guvernamental continúa y no salta la alarma.
La película, todo un delirio de primeros planos ojo de pez de zombis (cientos de primeros planos, en serio y pese a que los maquillajes no son para tirar cohetes), se construye a base de multitud de escenas paralelas que la dotan de un ritmo endiablado a la mayor gloria de David Ward Griffith. Por un lado tenemos al periodista al rescate de su esposa e intentando huir de la ciudad; por otro el estado mayor al mando de Mel Ferrer (el General Murchison), dictando medidas de emergencia destinadas al fracaso cada dos por tres; también tenemos a Paco Rabal (el Mayor Warren) montado en un helicóptero mientras su esposa (la jamona Maria Rosaria Omaggio) está encerrada en su chalet protagonizando las escenas más fulcianas del filme; finalmente, la hija de Mel Ferrer y su esposo pacifista, que odia a los militares hasta que la cosa se pone chunga, sufriendo el acoso de los zombis atómicos. Los escenarios siempre son el ejemplo de que una habitación con cuatro cortinas bien sirve para cuartel general del ejército, para plató televisivo (en clara usurpación de la tensión que provocaba al inicio del Zombi de Romero), el inevitable hospital (el peor lugar para estar ante una invasión de este calibre, pero es que la mujer del periodista es una doctora a la que rescatar), chalets de las afueras, iglesias posmodernas y una fiesta final en un parque de atracciones.
El pesimismo social se impone desde el primer momento. La mujer de Paco Rabal es una escultora que últimamente solo hace bustos de muertos. "Esculturas angustiosas que salen de otro ser" le dice a su esposo mientras este responde "eso es ciencia ficción". También los pacientes de la doctora, que leen libros rojos y tienen bigotes frondosos, piensan en guerras y muerte y filosofan que "Todo va mal en un mundo absurdo como este en el la gente sólo se preocupa por ganar dinero" con un "también se preocupan por tu úlcera" por respuesta.
Ya les digo que lo de los diálogos de este filme es una cosa a la que prestar mucha atención, así que les transcribo en su integridad la larga reunión militar que se produce a los 25 minutos del filme y que pone los puntos sobre las íes.
Gral Murchison: "Este es el cadáver de uno de los agresores que hemos recogido de la pista del aereopuerto. La autopsia desmiente de forma categórica que se trate de un extraterrestre. Su estructura molecular confirma que es un ser humano. Una paradoja dada la situación. Adelante coronel.
Coronel Frenton (ni más ni menos que el español Manuel Zarzo): "Soy el coronel Frenton del Instituto para la Investigación de Radiaciones Atómicas. El examen de varias muestras sacadas del cadáver que están observando ha revelado en los tejidos la presencia de un nivel de radioactividad superior a la media soportable por un organismo humano normal, es decir, las células presentan deformaciones estructurales que atestiguanun proceso más o menos reciente de regeneración de los tejidos".
Gral Murchison: Emplée términos más vulgares. Muchos de sus colegas no poseen un conocimiento adecuado del problema.
Col Frenton : En otras palabras, tanto éste como los otros zombis han estado sujetos a la absorción de fuertes radiaciones atómicas que han potenciado su capacidad física más allá de los normal.
Gral Riedman: ¿Como cuánto?
Col Frenton : Es difícil decirlo. El hecho es que las células de estos zombis expuestas a todos los tratamientos conocidos han resultado prácticamente indescriptibles.
Gral Riedman: En fin, una especie de superhombre.
Col. Frenton: Mucho más, general.
Gral Riedman: ¿Qué quiere decir?
Col. Frenton: Que el potenciamiento anormal de las cualidades vitales da a las células de estos zombis una capacidad genética directa, en consecuencia, sus víctimas son objeto de una contaminación aún cuando sufran simples heridas.
Mayor Warren (Paco Rabal): Lo que significa que están en situación de transformar a todos como ellos.
Col. Frenton: Más o menos es lo que puede ocurrir.
Mayor Warren: Y usted afirma que no pueden ser aniquilados con nuestras armas.
Col. Frenton: Desde luego su materia no.
Gral. Murchison: Disculpe Coronel.. ¿no es lo mismo?
Col. Frenton: No exactamente. Una máquina puede ser indestructible pero algo se puede conseguir bloqueando su funcionamiento.
Gral. Riedman: ¿Cómo?
Col. Frenton: Interrumpiendo el proceso de alimentación, por ejemplo. La contaminación atómica destruye rápidamente los glóbulos rojos. Esta es la razón por la cual estos seres tienen necesidad continua de sangre fresca. Pero eso no es todo. En lo relativo a un organismo humano, incluso potenciado, la fuente de todo movimiento es siempre el cerebro. Una lesión en los centros nerviosos puede paralizar y, por consiguiente, bloquear el organismo.
Gral. Riedman: ¿Quiere decir que sólo disparándoles en el cráneo podemos detener a esos... monstruos?
Col. Frenton: Este cadáver lo demuestra. Es el único cuerpo sin vida que hemos enconstrado. Presenta una destrucción total del cerebro.
Gral Murchison: Gracias Coronel. General Friedman, usted que ha entendido lo esencial, ordene a cada soldado y a cada policia que dispare al cerebro. Sea muy preciso en este punto. En cuanto al empleo de las fuerzas, adoptaremos el plan de emergencia H y como reserva la variante D por si la situación se escapa de las manos. Eso es todo, señores.
Como ven una delicia. Por cierto, por si se quedan con la duda, los planes H y D, aparentemente, consisten en Paco Rabal sobrevolando en helicóptero las afueras de Madrid, repletas de zombis, y llamando a la base cada dos por tres. Por su parte Hugo Stiglitz se convierte en el héroe de acción, la única persona capaz de resistir varias veces al ataque de los superzombis, rescatando a su mujer en el hospital en que trabaja y llevándosela en coche a las afueras de la ciudad. La esposa, de golpe, se convierte en una sabia filósofa que intuye lo que hay detrás de todo. Mientras viajan en coche establecen la siguiente discusión:
- ¿Cómo puede pasar algo semejante?
- Forma parte del ciclo vital de nuestra raza, por desgracia: crear para destruir hasta destruirnos nosostros mismos.
- Palabras. La realidad es que nos encontramos frente a mosntruos.
- Sí. Zombis. Creados por otros monstruos que tienen en sus mentes un obtetivo preciso: la conquista de un poder siempre mayor. Pero esta vez, al menos, no habrá justificaciones históricas si alguno de nosostros consigue sobrevivir.
- ¿Piensas que será posible detenerlos?
- La contaminación es como una mancha de aceite, quien puede decir cuánto se ha extendido el contagio.
Interrumpirán el viaje para tomar un cafe y fumarse un pitillo en un bar de carretera abandonado. Algo a todas luces ridículo dada la situación. Allí proseguiran la conversación a partir del hilo de la invención del café soluble (!).
- Otra ventaja de la civilización moderna, como la cocacola o la energía atómica. Vivimos en el siglo de las ventajas.
- ¿Pero no crees que deberíamos rechazar algunas de esas ventajas?
- Si, es posible, de todos modos no es culpa de la ciencia o de la tecnología, sino de los hombres. Nos enorgullecemos de haber inventado los ordenadores, pero no hemos sido capaces de preveer una matanza como esta.
- ¿Cuánto durará?
- No lo sé, pero una cosa es cierta, todos tenemos nuestra parte de culpa. Basta pensar en la vida que hemos llevado durante tantos años encerrados dentro de ciudades absurdas en una jungla de acero y cemento, como robots. Es triste pero es así.
- Esperemos que no sea demasiado tarde.
Más adelante, la doctora caerá en la desesperación. "Nuestra agonía es absurda. Somos como moscas en una tela de araña. No lo conseguiremos nunca". La respuesta del marido es una bofetada bien dada a la que sigue un intenso morreo. Quizá por eso el siguiente paso en la evolución del personaje de la esposa sea recuperar la fé al llegar a una iglesia. "¿Recuerdas las leyendas de la Edad Media? Demonios y vampiros no pueden entrar en la Casa del Señor. Ven, estoy segura de que aquí dentro no corremos ningún riesgo." Obviamente serán atacados por un cura zombi armado con un cilicio y al que matarán aplastando su cráneo con un caliz encima del altar. Esta escena es todo un mensaje pesimista sobre la modernidad del zombi y su carácter industrial y, por tanto, no religioso. Y al final de su periplo llegarán al parque de atracciones y a la Montaña Rusa (toda una metáfora sobre nuestra sociedad como parque temático) donde Paco Rabal intentará rescatarlos y será entonces (¡Spoiler!) cuando Hugo Stiglitz despertará de su pesadilla. Sí, en serio, de su pesadilla. Todo era un sueño, pero cíclico, porque ipso facto se dirigirá al aereopuerto donde daba inicio el filme. Es evidente que la trampa es total, uno no puede soñar que es varios personajes viviendo escenas paralelas, aunque salvado este error (sin importancia) el hecho explicaría porqué el prota exclama ante el ataque del aereopuerto "¡es absurdo!" o porqué es el único capaz de oponer resistencia a los superzombis: era un sueño lúcido. Y recuerden: las pesadillas pueden hacerse realidad. Con tamaño mensaje en pantalla finaliza esta obra maestra, una de esas películas que hay que ver al menos una vez en la vida.


Hugo Stiglitz dando el parte.

Paco Rabal toca cacho. Les interrumpirá una llamada. "Luego seguiremos hablando" le dice a su esposa. ¡Ahora lo llaman hablar!

Metalenguaje: zombi atómico por la tele

¡Pezones fuera!

Un zombi

Eduardo Fajardo experto lanzador de bisturís

Otro Zombi

Dándose el lote hemoglobínico.

Paco Rabal en su helicóptero.

Las afueras de Madrid


La genial escena de la iglesia. Fíjense que el plano está pensado para engañar al espectador. Éste no ve que el cura tenga media cara de patata, pero los personajes sí. Su sorpresa, pues, es un absurdo visual de envergadura.

Rescate en el parque de atracciones

El viejo truco.
15.4.06
GODZILLA CONOCE A SU COPIA ROBÓTICA (Y A UN PEKINÉS GIGANTE)
Por fin reemprendo mi revisión cronológica de los filmes de Godzilla tras una larga ausencia. Y lo hago con la que toca, la última de las producciones dirigida por Jun Fukuda: Cibergodzilla, Máquina de Destrucción (Godzilla vs Cosmic Monster ; Gojira tai Mekagojira; 1974). Dado el tiempo que ha pasado desde la anterior entrega de la saga (no cuento la novedad de Final Wars ni el interludio kingkonesco) es bueno situarnos rápidamente: tras los años dorados de Inoshiro Honda en los 60 (pese a una despedida tan atroz como La isla de los Monstruos) la serie clásica degeneró en los 70 con una extraña entrega psicodélica, con el paradigma del aburrimiento monstruil y con el epítome de la infantilización del género. Podríamos decir que, pese a las virtudes ausentes comentadas en su momento, Godzilla estaba bajo mínimos y algo había que hacer.
Ante ese panorama la Toho pensó en un retorno a los orígenes que, visto ahora, resulta bastante convincente y sirve, por ejemplo, para reivindicar la figura de Fukuda, el director cuyo nombre provoca sarpullidos en los fanes más cejijuntos porque en realidad no había para tanto. Cibergodzilla supone el reencuentro con el Fukuda de los 60, el de Los Monstruos del Mar. Así que sí, que estamos ante una buena entrega dentro de los márgenes lógicos: es la treceava peli del saurio (con el desgaste que eso supone, que no lo resisten ni Jason ni Bond), el esqueleto del guión es el de siempre, los presupuestos están ajustados (aunque son dignos en comparación con los precedentes) y, en definitiva, que es una peli de monstruos gigantes, coño. Para otras cosas ya tienen a Antonioni.
Los rasgos más característicos de la película que hoy nos ocupa son: la ausencia total de niños; el tono profundamente japonés, aunando tradición con modernidad; el pupurrí de géneros; el falso regreso a la maldad de Godzilla; la presentación de dos nuevos monstruos antagónicos por naturaleza, y la violencia como no se había visto hasta ahora en la serie. Así que les detallo un poco más.
Gorgo y Superman se citan en Tokio había marcado el punto más alto en la infantilización del personaje. Insistir o profundizar en ello resultaba imposible si no se quería caer en los humillantes terrenos propios de la decadencia de Gamera. Así que la inexistencia de niños a lo largo de todo el metraje es parte fundamental del pretendido Back to the origins. La película busca y consigue, en todo momento, un tono de seriedad pulp que hacía años había perdido. Otra forma de ahondar en ese querido tono adulto (siempre en el marco de una peli japonesa de monstruos gigantes, insisto) es aumentar la dosis de sangre y violencia. Aquí los monstruos sangran, señores. A Anguirus le revientan la mandíbula y vomita sangre, a Godzilla le sale a chorros como si de una película de samurais de serie Bé se tratara, al malo alienígena también, aunque lo que le sale (a presión y de la garganta) sea una sustancia negra y de eterea liquidez. No sólo eso, las peleas entre humanos y alienígenas también resultan bastante desagradables. La primera de ellas, por ejemplo, está rodada cámara en mano y montada de manera confusa a base de primeros planos de los dos tipos revolcándose y retorciendose por el suelo, es larga de cojones, más de tres minutos (casi como si la de la hitchcockiana Cortina rasgada se tratara, aunque en esta ocasión en vez de horno de gas hay agua hirviendo).
Quizá lo más sutil sea el profundo tono japonés, que intenta aunar tradición y modernidad. Tamaño contraste ya queda claro con los títulos de crédito iniciales: la pantalla divide las imágenes en dos partes alternas: una son fotografías de ancestrales templos y construcciones niponas, la otra franja es de colores llamativos sobre los que se superponen los nombres de los actores. El resultado es una amalgama de pop art mondrianesco y respetuosa tradición que culmina con la estatua del King Seesar, a la postre el monstruo mitológico del film. La cosa continúa con los descendientes de la familia real Azumi de Okinawa, el abuelo y la nieta, ejercitando una especie de teatro kabuki para turistas hasta que la nieta (encarnada por Barbara Lynn, una actriz coreana famosa por sus películas de subido tono erótico bisexual hasta el punto de ser conocida como la Dietrich asiática) sufre pavorosas visiones de caos y destrucción.
Ese contraste entre tradición y modernidad se hace evidente con los dos nuevos monstruos que se presentan en el filme, cada uno en las antípodas del otro. King Seesar es un monstruo mitológico que regresa de su descanso para salvar Okinawa. Inspirado en una leyenda local, lo cierto es que una vez renacido el bicho resulta del todo patético en su diseño, al menos a ojos occidentales: una mezcla de pequinés y león con orejas puntiagudas que se mueven y una larga cola terminada en una especie de redondo felpudo. Además, es un disfraz la mar de homínido, sin los quilos de latex de otros monstruos, dando a los movimientos del tipo disfrazado una agilidad a la que no estamos acostumbrados. También tiene mucho de Mothra, con eso de que sea defensor territorial y, sobre todo, con que la forma de despertarlo sea una canción de pop nipón setentero (de mas de tres minutos).
El otro monstruo, el que representa la modernidad, es Mekagodzilla, que ya estaba yo tardando en mentar a la estrella del filme de la misma manera en que tardaron los de la Toho en aplicar la idea. Hay que pensar que robot gigante ya lo hubo en The Mysterians en 1957 (Moguera), que Mazinger Z estaba entonces en pleno esplendor y, sobre todo, que el recuerdo del Mekanikong aún permanecá en las retinas de los espectadores. De hecho, Mekagodzilla es su hijo directo, una versión robótica que lanza rayos por los ojos y por el pecho, además de estar provisto de inacabables misiles en sus veinte dedos. Y encima vuela. El monstruo, aquí bautizado como Cibergodzilla, pretende, además, heredar el tono del Godzilla villano de las primeras entregas, sólo asi se entiende que durante parte del metraje vaya disfrazado de Godzilla auténtico, sin motivo argumental realmente aparente, hasta que el bueno de Anguirus decida desvelar el misterio, poniendo en riesgo su propia vida en la última de sus apariciones en la saga hasta hace bien poco. Lo cierto es que Mekagodzilla resulta un monstruo estupendo que pone entre las cuerdas a nuestro saurio favorito.
Godzilla, por su parte, luce bastante hermosote e incluso hará un par de cosas inéditas: curará sus heridas en Monster island a base de rayos en plena tormenta y, como arma secreta ante su metálico enemigo, se convertirá en un potente imán viviente para desesperación del malo de la función "¡Pero bueno, ahora qué pasa!". Y eso sin contar que su primera aparición se produce emergiendo, por sorpresa, del interior de una fábrica.
La historia es la de siempre, pero yo no me canso de verla. De nuevo un grupo de alienígenas, en esta ocasión procedentes del "Tercer Planeta del Agujero Negro" (!), se proponen invadirnos con la ayuda de un monstruo gigante, en este caso cibernético. Teóricamente son mucho más listos y desarrollados que nosostros, pero sólo teóricamente: cuando Mekagodzilla se estropea se ven obligados a acudir a un científico terrestre para que lo arregle. Los extraterrestres siguen la deliciosa tónica del pulp de opereta tradicional hasta ahora. Visten trajes de plexiglás con tonos metálicos, tienen una base secreta subterránea llena de lucecitas, monitorizan sucesos a distancia (aunque no se enteran de la mitad, como demuestra lo fácil que es tomarles el pelo) y obedecen ciegamente a su líder, un tipo con la mitad de la cara manchada de negro, que fuma puros cubanos, bebe cognac en copa y no hace otra cosa que reírse megalómanamente mientras explica sus planes en voz alta. Como ya pasara en otras ocasiones, cuando mueren revelan su verdadero aspecto, en esta ocasión se trata de gorilas, no hay que olvidar que la saga de El Planeta de los Simios estaba entonces en pleno apogeo.
A las pinceladas de tradicionalismo nipón, a un monstruo mitológico y otro mecánico, a la base argumental clásica de alinígenas invasores que controlan monstruos, hay que sumar todo un pupurrí multigenérico que mezcla momentos cercanos en su clima al cine de terror, una larguísima trama de inspiración muy bondiana, con agentes secretos de la Interpol jugando al equívoco, terremotos subterráneos (en realidad Anguirus avanzando hacia el Monte Fuji), expediciones geológicas (encabezadas por una chica con pantis y botas setenteras, y es que es tiempo de ser cool hasta la muerte), pinturas rupestres proféticas, numerosos planos de esos tan imaginativos con que nos sorprenden los japos cuando se ponen a hacer serie bé, un cierto tono de duelo de spaguetti western en la lucha monstruil final (con un movimiento de cámara ya célebre que luego les detallo), predicciones y enigmas ancestrales ("cuando el Sol salga por el Oeste la piedra se colocará la estatua en la piedra sagrada del castillo Azumi").
Los efectos especiales están mejor que en entregas anteriores. Es cierto que las escenas de destrucción urbana han dejado de existir y en su defecto los escenarios son páramos desolados o la clásica instalación industrial presta a ser consumida por llamas y pisotones, pero a cambio se rehuye casi totalmente el uso de sobrantes y trozos de películas anteriores, cosa que lastraba mucho las últimas escenas pese a ser todo un divertimiento para el fan (mira, esto es de Destroy all Monsters) además de un ejemplo modélico de ahorro a la japonesa. Hay que destacar el enorme uso de fuegos de artificio: la película es un auténtico festival de rayos y centellas, incendios y explosiones, que tiene su traca al final con Mekagodzilla haciendo uso a la vez de la totalidad de su arsenal. Esto es una fiesta mayor y no lo que se ve en algunos pueblos del Mediterráneo. A ello hay que sumar la divertida banda sonora compuesta por el maestro Masaru Sato y repleta de lounge exótico, trepidantes ritmops de thriller bondiano, tambores tribales y hasta una especie de bolero de Ravel.
Para acabar, y antes de una selección de imágenes comentadas, me gustaría llamar la atención sobre la pipa del profesor Miyajima (interpretado por Akihito Hirata, un clásico de la sci-fi de la Toho). El tipo fuma en una pipa fabricada con aleación de metales radioactivos, nada menos. Además, se separa en dos partes convirtiéndose en una terrible arma que crea ondas electromagnética. Andar por el mundo fumando tabaco en semejante artefacto es del todo temerario. Él mismo lo explica: "la hice un día que me aburría. Se puede separar y crea ondas electromagnéticas que destruyen todos los electrodos que tiene a su alrededor". ¡Viva la ciencia pajera!

"Sin duda se trata de titanio espacial"

King Seesar levanta las orejas

El ídolo Azumi

Metalenguaje: Godzilla on the tv

Mekagodzilla se disfraza

Anguirus las pasa putas

El jefe de los malos

Juraría que en King Kong se escapa sale el mismo plano

El hocico de Mekagodzilla

Godzilla recarga sus pilas en Monster Island

Cantando a King Seesar

King Seesar despierta

El inacabable arsenal de Mekagodzilla

King Seesar juega al escondite

El rayo pectoral de Mekagodzilla



La famoso travelling spaguetti-western en tres fotogramas

Duelo de titanes

Fabricando el escudo protector

Mekagodzilla también vuela

Godzilla también las pasa putas

Godzilla en plan samurai

Godzilla es un imán viviente

Dos contra uno ¡Así cualquiera!

Desenroscando a Mekagodzilla
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